METEORO

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Escuchando llamados a mitad de la noche, encontré pretextos para escribir, motivos para rendir mi cuerpo ante la gravedad que mantiene mi mirada en el suelo. Canciones de cuna espesando la bruma en la madrugada, recordaban los acordes incesantes que marcaban el final de sueños bizarros.
Utopías incesantes construidas entre insomnios devastadores, máscaras rotas, y con tal trascendencia, que dibujaron destellos en la obscuridad.
Siempre que campanas lejanas tañeron, perdí mis pensamientos en el firmamento, la seguridad de que las almas casi extintas de las estrellas aún regalarían ese peculiar brillo a cada noche, era más constante que la posibilidad de despertar por la mañana.
¿Cuáles brazos refugiarían mi alma cuando hiciera frío?
¿Cuáles besos harían latir mi corazón cuando el mundo oprimiera mi pecho?
¿Cuáles serían las palabras correctas cuando fuera mayor la obscuridad que el cansancio en mis huesos?
Conozco bien lo que significa la noche, he recorrido sus pasillos interminables, anhelando no encontrar la luz del alba, porque volvería a empezar, hablándole a mi alma, rogándole por un día más de resistencia, sacando mi mejor faceta, sonriendo a pesar de las tormentas en mi interior.
Tú ¿Qué temes de la noche?
¿Dónde guardas los deseos que nacen de las batallas que te han traído hasta mí?

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