ANHELO NOCTURNO

Solo estoy resistiendo los segundos aferrada a tus caricias. Porque entre cada línea se desgarra poco a poco mi corazón por tu ausencia.

Me mantengo despierta por el anhelo de que llegará el día en que nuestras miradas se vuelvan a encontrar.

O de lo contrario ya habría abandonado este lugar lleno de pena y vacío. Porque si esto no es nostalgia y tampoco es amor, entonces estoy muriendo al compás de una sonata gris llena de un sentimiento que envenena y marchita lentamente mi alma, pero a la vez impulsa los látidos de un corazón.

Y si no llegara a mañana, que estas notas te escriban un beso en los labios y una caricia tibia en tu rostro. Porque mucho daría ahora por un beso y un abrazo tuyo, nada sería más hermoso y reconfortante.

Que tu noche sea bendita entre todas las que dan descanso al alma.Y que todos los sueños te empujen más cerca de la tranquilidad.

Ojalá que en sueños te encuentre, ojalá que en sueños te amen de nuevo.

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DEMONIOS

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Paz es lo que hace mucho he anhelado.
Soy como el demonio reformado encerrado en paredes de cristal, temeroso de sus hazañas, avergonzado de sus cicatrices. Ansiando amor entre escombros y raíces, siendo todo y nada por capricho de redención.
Extraño y verdaderamente tóxico ante la más leve mirada.
Un discidente en medio de la estructura fría de la realidad, abandonando la maldad por migajas dulces que se desvanecen al tacto, pero refrescan el brillo de sus ojos.
Maldito sentimiento extravagante que hace fluir la sangre en sentido contrario, que mece la realidad y la disfraza en penumbras rotas. Y lo obliga a usar mascaras nefastas que le engendran miedo profundo a mostrar su verdadera esencia.
Se nota su furia encerrado en esa caja, se siente el odio que casi lo empuja a rasgar con fuerza el obscuro traje que porta y se funde con su piel.
Esa marcas, esas cicatrices y cuantas lágrimas frías recorrerán los márgenes de sus ojos vacios antes de liberarse de su negra prisión.

TRANSFORMACIÓN

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La transformación es en si misma un proceso interminable, frecuente y necesario. Humanamente pospuesto por miedo a no ser aceptado por quienes dicen amarnos. Un dilema frecuente entre ser para uno mismo y para todos los demás. En momentos extremos es la necesidad de explotar cada ventaja evidente y construir peldaños en el camino de la conciencia y la felicidad. Invariablemente provoca extraños efectos en todo y en la nada también.

Te lleva de un extremo a otro de la realidad, convenciéndote de que sin importar en que te conviertas el amor y los sentimientos se mantendrán, pero cada rasguño dado por el tiempo transmuta partículas y te da una esencia un poco distinta que va moldeando todo en ti al grado de que en un tiempo el espejo es solo una imagen pero no una perspectiva de vida.

CRISTALES DE CIELO

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Lo reflejos parecían una vital instrucción… A mí jamás me importo alguno de los que pude ver. La simple adulación se convertía en un arte inexplorado en el mundo, pero siempre me mantuve al margen de ello.

No habría razón para permitir que alguien mirara en mi interior, si no era capaz de aceptar mi verdadero y real esencia, mis miedos, mis deseos y mis demonios que por más que erosionara el tiempo a mi alma, me acompañarían siempre, aunque encadenados, siempre listos para surgir en cuanto la amenaza fuera compleja y directa.

La sola idea de ir a un almacén de emociones reprimidas y de adulaciones gastadas para engrandecer la soberbia y el ego me parecía repulsiva, en ocasiones innecesaria. No importaría que tan bien mi imagen pareciera, a veces los estragos del tiempo y las cicatrices que han dejado las batallas son tan difíciles de esconder que el verdadero reto del día siempre será como asimilar las miradas incomodas de aquellos que pretenden que la frivolidad es solo un mecanismo de defensa.

Las miradas, los gestos y los ademanes detonaban imperdonablemente sensaciones en la gente, propagadas por el aire, por el aroma a deseo siniestro, venganza o desdén, quebrando las delgadas cicatrices de lo que siempre creemos que ya olvidamos. Increíblemente miraba, como en una proyección astral, las simples palabras que derrumbaron mi carácter, como estrujaron con fiereza mi alma, e hicieron sangrar mi corazón. Un solo instante para recordar cómo se cae del cielo al fuego, cuando la tormenta llega para quedarse y solo marchara al oeste para recordar en el atardecer que nada es más constante que el paso del tiempo.

 

TORMENTAS

TORMENTAS

Las tormentas han pasado sobre mis pensamientos, han inundado de duda mi corazón. He quedado varada en una playa distante construyendo una balsa con viejos deseos para aferrarme a una esperanza cuya luz casi se extingue.

Caminé rodeando el mar tantas veces que he perdido mi mente en donde se funde el azul del mar con el del cielo. Las páginas de ese libro que siempre recuerdo me traen de vuelta de las estrellas al suelo en momentos de lucidez, de estadías cortas entre los acordes del universo.

Podría fingir todo el tiempo, y hacer pensar a todos que he llegado a mi destino, que al fin me he establecido en un lugar. Pero más que nadie el corazón me grita que estoy varada como naufrago a la mitad de la nada.

Tal vez fue que viví aislada por instinto de conservación, pensando que no todo era malo y no todo era cruel. Pero al mirar los rayos que parten el cielo y los truenos que resuenan en la inmensidad me pregunto si en un segundo aquella cegadora luz me empujara de nuevo al borde del mundo.

¿Qué mundo quedaba cuando emprendí la travesía?…

¿Qué vida me aguardaría si pensara en volver de entre las penumbras de la soledad?…  Solamente abrazaría la idea de regresar y no conocer nada, de no ver a nadie, solo pasar como el viento entre grandes estructuras y cambiar el curso de todo lo que me rodea con mi diario andar.

Un paso a la vez, significaba un paso en falso en el espacio, una necesidad que me hacía pender de un hilo, pero tan vital como un respiro. Sin opción y sin medida, con mucho silencio, completamente absorta en la idea de buscar la felicidad, en todas partes, a pesar de todo, con todo y sin ello.

METEORO

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Escuchando llamados a mitad de la noche, encontré pretextos para escribir, motivos para rendir mi cuerpo ante la gravedad que mantiene mi mirada en el suelo. Canciones de cuna espesando la bruma en la madrugada, recordaban los acordes incesantes que marcaban el final de sueños bizarros.
Utopías incesantes construidas entre insomnios devastadores, máscaras rotas, y con tal trascendencia, que dibujaron destellos en la obscuridad.
Siempre que campanas lejanas tañeron, perdí mis pensamientos en el firmamento, la seguridad de que las almas casi extintas de las estrellas aún regalarían ese peculiar brillo a cada noche, era más constante que la posibilidad de despertar por la mañana.
¿Cuáles brazos refugiarían mi alma cuando hiciera frío?
¿Cuáles besos harían latir mi corazón cuando el mundo oprimiera mi pecho?
¿Cuáles serían las palabras correctas cuando fuera mayor la obscuridad que el cansancio en mis huesos?
Conozco bien lo que significa la noche, he recorrido sus pasillos interminables, anhelando no encontrar la luz del alba, porque volvería a empezar, hablándole a mi alma, rogándole por un día más de resistencia, sacando mi mejor faceta, sonriendo a pesar de las tormentas en mi interior.
Tú ¿Qué temes de la noche?
¿Dónde guardas los deseos que nacen de las batallas que te han traído hasta mí?

GLOSARIO

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Estrellas… el deseo extremo y recurrente de los días que pasan a mi lado. Una marcha interminable de deberes y pendientes que nadan en sentido contrario a la corriente de ideas que me evade del mundo.

Sentimientos… como todo aquello que me arrastra muy cerca de la luna pero tan próxima al abismo, que evito siquiera el frío de la noche que evoca recuerdos entre lineas de un verso abandonado en las escaleras.

Verdades siniestras… todas aquellas que exploraron las caricias del tiempo, arrancando poco a poco disfraces funestos y sonrisas embelesadas de inestabilidad y dolor. Abrieron camino a mundos desconocidos que no eran tan peligrosos, hasta que ya avanzado el sendero perecieron pintarse de gris como laberintos tormentosos.

Un paso a la vez ocurre el presente, y dos más allá se dibuja un futuro burdo entre brumas sedientas y tormentas de truenos en el cielo. Un látido constante y un aliento cálido mantienen con vida una esperanza mal herida en una trincehra desolada.